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Julián Ortega Durán es alfarero de tercera generación, nieto de Rafael Ortega Porras —distinguido alfarero extremeño, originario de Fregenal de la Sierra—, galardonado con el Premio Nacional de Artesanía en 1982.
Desde pequeño, se pasaba el día ensuciándose las manos con barro, jugando en el taller de su abuelo. Al principio, le interesaba más jugar y dar forma a los personajes que llenaban su imaginación que aprender las técnicas, pero poco a poco las fue absorbiendo sin darse cuenta, entre una figura de barro y otra. Más tarde, durante su adolescencia, participó como ayudante o aprendiz en algunas de las obras de su abuelo e incluso lo acompañó como profesor en talleres infantiles.
Posteriormente, tras estudiar y trabajar como politólogo, a los 27 años comenzó su formación como ceramista en su región natal, en la Escuela de Arte y Diseño de Mérida, buscando una base de conocimientos más sólida que complementara sus habilidades heredadas. Por aquella época, junto con Inés Fernández Moreno, empezó a participar en ferias de artesanía locales y programas de emprendimiento. En uno de estos eventos, conoció y aprendió de Antonio Moreno Arias, el reconocido tinajero de Torrejoncillo. Posteriormente, recibió una beca Erasmus para Jóvenes Emprendedores en Irlanda, donde trabajó junto a Adrian Wistreich en su Centro de Cerámica y Artes de Kinsale, aprendiendo muchísimo de él y de su amigo ceramista escocés, Julian Smith.
Firme creyente en la funcionalidad por encima de la estética pura, quiso profundizar su formación en esa línea. Para ello, comenzó a estudiar Ingeniería en Diseño Industrial y Desarrollo de Producto en la Universidad de Extremadura, en su ciudad natal, centrando sus estudios en el desarrollo de productos y herramientas cerámicas para artesanos. Realizó prácticas curriculares como diseñador en la industria cerámica española de Castellón, en Esmaltes S.A., a la vez que producía piezas de sigillata en el taller del amable y sabio Rafa Galindo. Además, realizó prácticas extracurriculares en la fábrica de vajillas artesanales Tybso en Bogotá, Colombia, bajo la tutela de la emprendedora y diseñadora Camila Gómez y su invaluable equipo.
Completó sus estudios a los 34 años con un proyecto final titulado Ecodiseño de una Vajilla Cerámica — Terralfar, en el que plasmó todos sus valores y conocimientos. El comité evaluador le otorgó la máxima distinción, Matrícula de Honor. Continuando en el ámbito académico, Julián actualmente cursa estudios de Química en la UNED, impulsado por su deseo de ampliar sus conocimientos sobre esta materia a la vez que contribuye a la divulgación científica.
Al mismo tiempo que iniciaba sus estudios de ingeniería, en 2018, Julián abrió su propio negocio de cerámica en su ciudad natal, con el apoyo de su tío Luis Ortega, quien le proporcionó un espacio de trabajo. Desde entonces, ha trabajado de forma independiente, produciendo piezas y ofreciendo servicios, principalmente en la docencia. Ha impartido clases en las Aulas de Cultura de la Universidad de Extremadura en tres ocasiones. Sin embargo, la actividad en la que más se ha especializado es la enseñanza particular del torno, ya que le permite dedicarse plenamente a personas con ganas de aprender. Es un orgullo para él que varios de esos estudiantes se hayan convertido desde entonces en alfareros expertos y en grandes amigos.
También ha producido, principalmente por encargo, una amplia gama de obras cerámicas —en particular, su vajilla contemporánea con un estilo personal distintivo, especialmente cuencos—, así como reproducciones históricas, principalmente romanas y púnicas. En el ámbito profesional, su conexión emocional con su ciudad natal le ha llevado a crear trofeos para eventos locales, como la Claqueta Emérita, y a formar parte, desde 2017, del espectacular festival de recreación romana Emerita Lvdica, para el que construyó su propio torno inspirado en aquella época y disfruta enseñando a niños vestidos de romanos a ensuciarse las manos en el torno.
Igualmente importante para él es su pertenencia a FABlab Mérida, un espacio creativo privilegiado donde aporta lo que puede a sus compañeros y, a su vez, aprende de todo lo que ellos comparten generosamente, especialmente de su espíritu genuino. En cuanto a su región, se siente afortunado de ser amigo de José Antonio Guillén, conocido como Pirri, cuyo taller visita siempre que puede, y de Ignacio Guillén, ambos de Salvatierra de los Barros, la capital de la cerámica de Extremadura
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